Hacia la segunda mitad de 2025 comenzó a instalarse con fuerza un debate que define la agenda del sector inmobiliario argentino en 2026: la posible desregulación inmobiliaria y el pasaje hacia una colegiación profesional voluntaria. El planteo implica discutir si el acceso a la actividad debe seguir mediado por esquemas obligatorios o si el mercado puede autorregularse con reglas claras de responsabilidad civil, información y defensa del consumidor.
Las posiciones son claras y divergentes. Para quienes apoyan la reforma, se trata de una oportunidad de modernizar el sector, bajar barreras de entrada y fomentar la competencia. Para quienes la cuestionan, representa un riesgo de precarización y pérdida de estándares profesionales que pueden poner en juego el patrimonio de los ciudadanos en transacciones que, para la mayoría de las familias, son las decisiones económicas más importantes de su vida.
Desde CAMESI, la postura combina apoyo a la desregulación con una defensa firme del profesionalismo: “La legitimidad ya no se construye sólo desde la matrícula, sino desde la capacidad real de brindar un servicio profesional, transparente y eficiente. Aun en un escenario hipotético de colegiación voluntaria, creemos que la actividad inmobiliaria debe seguir siendo ejercida por corredores profesionales, con una formación obligatoria más enfocada en lo realmente útil y necesario.” Para la cámara, desregular no es desprofesionalizar, es redefinir dónde se construye la legitimidad profesional.
La posición contraria, sostenida desde los colegios profesionales, advierte que permitir el ejercicio de la actividad sin formación ni control no democratiza el mercado sino que abre la puerta a la informalidad y al intrusismo, poniendo en riesgo la seguridad jurídica de operaciones de alto impacto patrimonial. Desde esa mirada, la matriculación no es un privilegio corporativo sino una garantía de transparencia y responsabilidad.
El debate sigue abierto y su resolución definirá el marco dentro del cual operará el mercado inmobiliario argentino en los próximos años. Lo que ambas posturas comparten es el punto de partida: el sector necesita profesionales capaces, no improvisados. La diferencia está en quién y cómo debe garantizarlo.
Fuente: La Voz del Interior — Leé la nota completa
