El formato de viviendas compartidas es sinónimo de invertir menos, disfrutar más y sostener el valor de una propiedad en dólares. Por qué esta inversión inteligente podría transformar el mercado inmobiliario en Argentina.
El sistema de viviendas compartidas, también conocido como de co-propiedad, aparece como una alternativa novedosa y conveniente para acceder a casas premium en los mejores destinos pagando solo una fracción, con 6 semanas de uso exclusivo garantizadas al año y sin la carga de mantener una propiedad entera. Estas múltiples ventajas están haciendo que se la vislumbre como una opción atractiva a nivel local.
Entre otros beneficios, este modelo baja enormemente la barrera para acceder a una propiedad de alta gama, ya que el interesado no necesita comprarla al 100%. Además, también mejora la eficiencia operativa al habilitar la posibilidad de compartir costos.
Empresas como Pacaso en EE.UU. compran una casa, la inscriben en una Sociedad de Responsabilidad Limitada (LLC) y venden fracciones de propiedad (⅛, ¼, etc.) con un sistema de reservas y gestión integral que contempla, por ejemplo, mantenimiento, limpieza y seguros. Suelen cobrar un fee inicial (10%) y un costo mensual de administración de USD 100.
Excelentes perspectivas para las viviendas compartidas en Argentina
En el país, una familia puede tener una casa premium en Cariló, Villa La Angostura, San Martín de los Andes o Bariloche por USD 50.000. El formato legal sería un fideicomiso inmobiliario o SA/SAS con reglamento de uso, con la intervención de una escribanía para protocolizar el régimen y prioridad de turnos a través de un motor de reservas (app/web), más servicios de limpieza, seguro multirriesgo y expensas prorrateadas.
¿Por qué puede funcionar a nivel local? Porque el argentino valora el “ladrillo + disfrute”, pero no siempre usa una casa de veraneo todo el año. La fracción baja la barrera de entrada y profesionaliza la administración compartida. Y algo no menos importante: lo convierte en propietario de una casa espectacular por seis semanas cada 12 meses.
El alquiler de una propiedad de esas características, durante ese mes y medio de uso, puede alcanzar un valor total de USD 70.000 al año (promediando temporada alta, media y baja), por lo que en el primer año se amortiza la inversión total y es posible incluso que se genere una rentabilidad.
Asimismo, y teniendo en cuenta que el mercado inmobiliario está en valores históricos muy convenientes, la propiedad adquirida se valorizará con el paso del tiempo de manera inevitable, por lo que la rentabilidad será aún mayor.
En el país hay muchas familias de clase media-alta que desean tener una segunda residencia para vacaciones y con USD 50.000 sólo pueden aspirar a un departamento pequeño en San Bernardo o un monoambiente lejos del centro y de la playa en Pinamar.
En cambio, con una vivienda compartida pueden acceder a una casa en los bosques de Cariló o en la montaña en Villa La Angostura y si alguna de las seis semanas exclusivas no van a utilizarla, están en condiciones de alquilarla y percibir muy buenos ingresos en dólares.
Herramienta de inversión para expatriados
El formato de vivienda compartida también puede ser una excelente inversión para argentinos que viven en el extranjero que pueden tener una propiedad en el país para compartir con su familia por montos que, para ellos, en comparación con los valores en sus países de residencia, son realmente muy bajos. El resto de las semanas que no usen la casa pueden alquilarla, teniendo ganancias muy importantes.
Este modelo de negocios, aún no del todo explotado en nuestro país, puede ser muy útil para aumentar las ventas de inmuebles; para que desarrolladores inmobiliarios cuenten con productos listos para implementar en el sistema; para que escribanías locales brinden la seguridad legal y jurídica necesaria a nuevos clientes; para que desarrolladoras fintech o de apps generen un servicio de administración total de este tipo de inmuebles; para que empresas de limpieza tengan nuevo mercado y para que productores de seguros puedan manejar más pólizas de seguro de hogar.
No podemos dejar de lado a los corredores inmobiliarios, que pueden intermediar en la adquisición de este tipo de inmuebles y dirigir la búsqueda de clientes al armado de este pool de propietarios.
Caso piloto de vivienda compartida:
- Propiedad: casa en Cariló o Villa La Angostura, valuada en USD 400.000, con 8 fracciones de USD 50.000 cada una.
- Derecho de uso: 6 semanas al año por fracción, gastos anuales: USD 16.000 (USD 2.000 por fracción), fee de gestión del 10% sobre el valor inicial + USD 100/mes por fracción.
- Resultado: acceso a una casa de playa o de montaña premium por USD 50.000 en vez de USD 400.000, con uso garantizado y valorización futura.
- Reglamento de uso protocolizado en escribanía, que establece penalidades en caso de incumplimiento.

