La eficiencia energética ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en una necesidad concreta. Quiénes son y cómo se capacitan estos expertos que auditan, diagnostican y potencian el valor de las propiedades. Proyección laboral para un segmento en expansión.
En Argentina, el sector residencial consume casi un tercio de la energía eléctrica de todo el país, y por eso la formación de especialistas en la materia se vuelve crucial para impulsar el desarrollo: las capacitaciones sobre etiquetado de eficiencia energética de viviendas abren una nueva veta profesional y un camino de evolución para el segmento.
La columna vertebral de este proceso es el Programa Nacional de Etiquetado de Viviendas (PRONEV) que, impulsado por la Secretaría de Energía de la Nación, busca clasificar el rendimiento energético de las propiedades con una escala que va de la ‘A’ (máxima eficiencia) a la ‘G’ (menor eficiencia), similar a la que ya conocemos en los electrodomésticos.
Formación de profesionales
Los cursos válidos son aquellos que se enmarcan dentro del PRONEV, ya que cualquier capacitación fuera de este circuito no cuenta con el reconocimiento oficial para certificar con el software de cálculo y formar parte del registro de etiquetadores.
Al aplicativo, herramienta online desarrollada por el gobierno argentino para evaluar la eficiencia energética, se puede acceder gratuitamente. Hoy hay más de 5.200 usuarios activos a través de https://etiquetadoviviendas.mecon.gob.ar/ , donde se detalla que ya se analizaron 3747 viviendas y se emitieron 1357 etiquetas.
“Para que este plan sea una realidad tangible en todo el territorio, la pieza clave es la formación de profesionales capaces de realizar estas evaluaciones”, precisa Javier Maltz, presidente de la Asociación Nacional de Materiales de Aislación Térmica (ANDIMA).
De ahí que arquitectos, ingenieros y maestros mayores de obra de todo el país se están capacitando para aplicar la normativa y emitir las etiquetas que, en un futuro, podrían ser un requisito para vender o alquilar una propiedad.
Hasta la fecha, son 14 las provincias adheridas al programa nacional: Catamarca, Chubut, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, La Pampa, La Rioja, Mendoza, Neuquén, Río Negro, Salta, San Juan, Santa Cruz y Santa Fe.
Recientemente se iniciaron las acciones para la implementación en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. En todas estas jurisdicciones se organizaron, hasta ahora, 17 capacitaciones oficiales que ya han formado a alrededor de 1.000 especialistas.
Impacto en el empleo y en la sostenibilidad
Los cursos de etiquetado ponen un fuerte énfasis en enseñar a los futuros certificadores a detectar deficiencias en la aislación térmica, ya que las mejoras más efectivas y con mayor retorno de inversión suelen estar relacionadas con las características de la “envolvente”, que es la expresión con la que se engloba al conjunto de pisos, paredes y techos.
Esa aislación se logra, por ejemplo, con materiales como lana de vidrio, poliestireno expandido y poliuretano que pueden, según estiman los expertos de ANDIMA, disminuir el consumo de energía para calefacción y refrigeración hasta en un 35%.
“Una casa mal aislada es como un colador. Podemos tener el sistema de calefacción o refrigeración más moderno, pero si el calor o el frío se escapa por el techo y las paredes, estamos derrochando energía y dinero”, explica Maltz.
El proceso de etiquetado va más allá de una simple calificación. El certificador realiza un análisis exhaustivo de la vivienda, evaluando la calidad de su envolvente, y los sistemas de climatización, iluminación y producción de agua caliente. El resultado es un diagnóstico que no solo indica cuánta energía consume la propiedad, sino que además identifica sus puntos débiles y puede ser utilizado tanto como herramienta de diseño para mejorar un proyecto como para proponer un plan de rehabilitación energética.
El impacto es doble. Por un lado, se crea una nueva generación de profesionales con una profunda conciencia sobre la importancia de construir y refaccionar con criterios de eficiencia. Por otro, se ofrece a los propietarios una herramienta clara para valorizar sus inmuebles: una vivienda con una buena etiqueta energética (A, B o C) no sólo garantiza facturas de servicios más bajas y un mayor confort térmico interior, sino que también aumenta su valor de mercado.
En un contexto de actualización permanente de tarifas de servicios públicos y de una creciente conciencia ambiental, la eficiencia energética ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en una necesidad concreta. Y, en ese sentido, la capacitación de etiquetadores es un gran paso para que Argentina construya un futuro más sostenible.

