Las branded residences ganan terreno dentro del mercado inmobiliario argentino al combinar propiedad privada, servicios hoteleros y la operación de marcas internacionales de lujo. Este formato, asociado también al concepto de hospitality, modifica la forma de valorar una propiedad: además de la ubicación, la arquitectura y los materiales, incorpora el estándar de servicio y la experiencia cotidiana que ofrece el desarrollo.
Las unidades se adquieren con escritura y pueden integrarse a una explotación turística administrada profesionalmente. A diferencia de otros formatos, no se comercializan individualmente en plataformas de alquiler temporario, sino que forman parte de una operación hotelera conjunta. En algunos proyectos, este esquema apunta a generar una renta pasiva para el propietario y suma a la inversión inmobiliaria una gestión profesional del activo.
La expansión ya puede verse en distintas provincias. Hay desarrollos vinculados con marcas como Marriott, SLS, Sofitel y Meliá en Mendoza, Buenos Aires, Ciudad de Buenos Aires, San Juan, Misiones y Río Negro. Entre los casos mencionados, un proyecto en Bariloche estima una renta de entre 7% y 12% neto anual en dólares, mientras que los valores de ingreso varían según la ubicación, la marca y las características de cada emprendimiento.
Mariano García Malbrán, presidente de CAMESI, destacó el diferencial que puede generar este modelo en la valuación de los activos: “Las unidades bajo operación de marcas internacionales de lujo muestran una prima de entre el 25% y el 35%”. También señaló una particularidad del mercado local frente a otros destinos internacionales: “Nuestros activos premium cotizan muy por debajo de sus comparables en Madrid o Estados Unidos”.
El avance de las branded residences suma así una nueva alternativa al real estate premium argentino, con proyectos que combinan uso residencial, servicios hoteleros y administración especializada. Su crecimiento también abre una discusión sobre el posicionamiento de los activos locales frente a otros mercados y sobre el peso que la marca y la operación pueden tener en el precio final de una propiedad.
Fuente: Mercado — Leé la nota completa acá

