En un contexto donde las propiedades de alta gama resultan difíciles de alcanzar, el modelo de copropiedad o viviendas compartidas se consolida como una opción para acceder al segmento premium con una inversión mucho menor. Permite adquirir una fracción legal del inmueble, usarlo durante semanas determinadas del año y compartir gastos entre varios titulares.
Este esquema, presente en destinos turísticos y zonas de alto valor como Cariló, Bariloche, Recoleta o Palermo, reduce el desembolso inicial —con ingresos desde unos u$s50.000— sin resignar calidad, ubicación ni servicios.
El presidente de CAMESI, Mariano García Malbrán, destaca que el modelo permite “invertir menos, usar mejor el activo y conservar valor en dólares”, sumando administración profesional, mantenimiento asegurado y reglas claras de uso.
Desde el punto de vista jurídico, funciona mediante fideicomisos o sociedades, con reglamentos formalizados por escritura pública y respaldo del Código Civil y Comercial bajo la figura de tiempo compartido, lo que aporta seguridad y previsibilidad.
No reemplaza la compra tradicional, pero sí suma una alternativa eficiente, alineada a nuevas formas de consumo inmobiliario. Su desarrollo dependerá de marcos legales sólidos, administración profesional y mecanismos de salida bien definidos. Bajo esas condiciones, la copropiedad se perfila como una herramienta que amplía el acceso al segmento premium y redefine parte del mercado inmobiliario argentino.
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