“Casas pasivas”: una tendencia que promete facturas de luz casi en cero 

Casas pasivas diseñadas con criterios de eficiencia energética para reducir el consumo de luz y climatización Imágen gentileza de Carpinterías Muchtek con etiquetado de eficiencia energética de ventanas exteriores.
Imágen gentileza de Carpinterías Muchtek con etiquetado de eficiencia energética de ventanas exteriores.

En el mundo hay más de 65.000 edificios certificados bajo esta modalidad, que han demostrado cumplir con estándares rigurosos de sostenibilidad, eficiencia y salud.

Con una coyuntura económica inestable y tarifas en permanente ajuste, el uso eficiente de la energía no solo es una problemática pública que el gobierno argentino procura instalar sino una preocupación cotidiana para los ciudadanos.

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Imágen gentileza de Proyecto ESTOMBA.

Además de generar acciones que promuevan el ahorro en el consumo a partir de fuentes sustentables, se imponen las buenas prácticas en materia de construcción para garantizar viviendas de calidad que sean eficientes a nivel energético. 

En ese sentido, gracias a su diseño biométrico las casas denominadas “pasivas” (y conocidas en el mundo como Passivhaus, por el movimiento surgido hace décadas en Alemania) pueden llegar a deparar un ahorro energético de hasta 90% en comparación con viviendas tradicionales en lo que respecta a las necesidades de climatización.

Esta reducción se logra principalmente minimizando la demanda de calefacción y refrigeración, y mejorando la inercia térmica de la vivienda. Para esto, se proyectan estrategias bioclimáticas que permiten el ingreso de luz natural y de calor en los meses fríos. 

En los meses cálidos, mientras tanto, la demanda de climatización se controla limitando la incidencia solar durante el día y disipando las ganancias térmicas durante la noche mediante ventilación cruzada natural. 

Para conseguir estos beneficios es fundamental lograr cerramientos altamente aislados y libres de puentes térmicos, y una envolvente hermética que minimice el intercambio indeseado de aire entre el interior y el exterior. 

Pioneros en CABA

Las herramientas necesarias son los materiales eficientes, como las aberturas de altas prestaciones, con baja transmitancia y un alto grado de hermeticidad porque aproximadamente el 20% de las pérdidas de energía se originan en las ventanas. 

La norma IRAM de etiquetado de eficiencia energética en ventanas exteriores, de aplicación por el momento voluntaria, permite al usuario conocer la clasificación energética de su abertura y elegir (tal como se hace con los electrodomésticos) la más eficiente según la localización de su vivienda.

Pero hay un nuevo parámetro. En CABA se está tramitando la primera edificación Low Energy bajo los estándares de Passivhaus, certificación global de eficiencia energética que articula el ahorro con un alto nivel de confort y calidad del aire en el interior de la vivienda.

En este caso, se trata del Proyecto Estomba, una vivienda de 330 m2 desarrollada y dirigida por el estudio UNO+, a cargo del arq. Joaquín Berdes, en el barrio de Belgrano R.

Precisamente ya se envió toda la documentación al estudio certificador, Castaño y Asociados (Valencia, España) y se está a la espera de la certificación final de Vivienda Low Energy.

Ventajas de esta modalidad

Berdes explicó que “la madera laminada de reforestación presente en la estructura, al igual que la aislación de celulosa, no solo evitan la generación de puentes térmicos y aseguran la continuidad de la aislación, sino que al ser materiales de origen vegetal generan una huella de carbono positiva”.

En cuanto a otros aspectos innovadores, la vivienda cuenta con un sistema de ventilación mecánica con recuperación de calor (MVHR) que permite renovar el aire sin modificar la temperatura interior. De esta forma, se logran niveles óptimos de humedad, oxígeno, CO2, y se eliminan las partículas en suspensión. 

A su vez, el proyecto cuenta con un sistema de recuperación de agua de lluvia para riego, un sistema complementario de aire acondicionado por VRF de alta eficiencia, un calentador solar de agua y una biopiscina natural que no requiere productos químicos para su mantenimiento. 

Todo esto se suma a la posibilidad de incorporar paneles solares que puedan abastecer los requerimientos energéticos de la vivienda y devolver energía a la red.  

La arquitecta Adriana López, Jefa de grandes proyectos, experta en Eficiencia Energética y Passivhaus Designer de Muchtek, empresa proveedora de la obra, confió en que esta experiencia va a marcar un hito en la arquitectura local. “Nuestras carpinterías se sometieron a múltiples ensayos para alcanzar el nivel 4 requerido y logramos estar a la altura de las exigencias del proyecto y los estándares solicitados”, aseguró.

En ese sentido, informó que como parte del proceso de certificación se hace un estudio Blower Door al inicio y al finalizar la obra. El pasado 15 de diciembre se concretó el de cierre, que dio resultado positivo con valores excelentes en lo que respecta a las filtraciones de frío/calor. 

“Pasivizar” una casa tradicional

El Instituto Passivhaus, a su vez, cuenta con un estándar específico (EnerPhit) para reformas de edificios preexistentes, que permiten transformar construcciones tradicionales en casas pasivas. 

Se trata de cambios que no implican un gran trabajo de obra y que van desde el recambio de ventanas hasta elegir artefactos y electrodomésticos con etiqueta A, iluminación LED y sumar un calentador de agua solar. Otro punto importante es generar electricidad con renovables on y off-grid y, si es un edificio, acumular energía y compartir el excedente.

Es que una “casa pasiva” no depende de complejos sistemas activos, sino de un diseño inteligente y principios básicos. Javier Maltz, presidente de la Asociación de Industrias de Materiales Aislantes, detalla las características más sobresalientes:

  • Aislación térmica eficiente: una envolvente (techos, paredes y pisos) con materiales como lana de vidrio, poliestireno expandido o poliuretano impide las pérdidas de energía. Considerando que el 50% del consumo de energía en un hogar se destina a la climatización, una correcta selección e instalación de materiales aislantes permite un ahorro de hasta un 70% en las facturas de luz y gas y una reducción del consumo total de energía de hasta un 35%.
  • Envolvente térmica de alta eficiencia: ventanas con triple vidriado hermético (TVH) y marcos especialmente aislados, junto con un diseño estructural de uniones y esquinas que elimina completamente los puentes térmicos, garantizando una barrera térmica ininterrumpida en toda la envolvente.
  • Ventilación mecánica: un sistema de ventilación controlada extrae el aire viciado y recupera su energía (calor o frío) para transferirla al aire fresco que ingresa, garantizando una calidad de aire superior sin derrochar climatización.

Expansión del estándar

La primera casa certificada Passivhaus de Latinoamérica se construyó en 2017 en la localidad de Canning, Buenos Aires. Desde entonces, el interés por este tipo de construcciones ha crecido exponencialmente.

“Durante 2024 y 2025, hemos visto un aumento en las consultas y proyectos en desarrollo, como en la Patagonia, donde el ahorro en calefacción es drástico, o la región de Cuyo, donde se busca combatir el calor extremo del verano”, comentó Maltz.

Según el Passivhaus Institut de Alemania, a principios de 2025, ya existían más de 65.000 inmuebles certificados en todo el mundo, abarcando desde viviendas unifamiliares hasta edificios, escuelas y hospitales.

A nivel internacional, en la aceleración de uso incidieron no solo la crisis energética sino también la legislación sobre emisiones de carbono en la edificación. Ciudades como Bruselas (Bélgica) y Vancouver (Canadá) ya han adoptado principios Passivhaus como normativa obligatoria para nuevas construcciones ya que hay consenso global acerca de que las “casas pasivas” permiten:

  • Reducir la dependencia de los combustibles fósiles y la vulnerabilidad ante la volatilidad de precios.
  • Disminuir drásticamente las emisiones de CO2 del sector residencial.
  • Aliviar la presión sobre las redes eléctricas, evitando cortes en picos de consumo.
  • Crear viviendas más saludables, confortables y resilientes al cambio climático.